La conectividad móvil comienza a posicionarse como un valor adicional en conciertos y eventos deportivos, al punto de que una parte importante de los asistentes estaría dispuesta a pagar más por contar con un servicio de mejor desempeño. De acuerdo con el estudio Connected Sports and Entertainment 2026, elaborado por Ericsson, cuatro de cada diez aficionados aceptarían incrementar entre 5 y 15% el precio de su boleto a cambio de una conexión con rendimiento garantizado, como la que pueden ofrecer las redes 5G. Esta disposición representa una oportunidad comercial para operadores de telecomunicaciones y administradores de recintos, que podrían desarrollar servicios diferenciados de conectividad y convertir la experiencia digital de los asistentes en una nueva fuente de ingresos.
El modelo propuesto por Ericsson plantea dejar atrás el esquema de conexión uniforme para todos los usuarios y avanzar hacia redes capaces de ofrecer distintos niveles de desempeño según las necesidades de cada grupo. Esto permitiría establecer opciones específicas para el público general, zonas preferenciales, suites corporativas y patrocinadores, mediante infraestructura 5G compartida y segmentos virtualmente privados. La evolución también se refleja en los hábitos de conexión: durante la final de futbol americano de 2025 analizada por la compañía, el tráfico Wi-Fi disminuyó 50%, mientras que el uso de 5G continuó creciendo hasta alcanzar una proporción de tres a uno frente al Wi-Fi. Para Ericsson, este comportamiento anticipa cambios en las decisiones de inversión de los grandes recintos, donde la conectividad comienza a tener un papel central en la experiencia del público y en las estrategias de monetización. Actualmente, más de 100 estadios y espacios de entretenimiento en Estados Unidos cuentan con servicios públicos 5G.
Las aplicaciones de estas redes van más allá de ofrecer Internet a los teléfonos de los asistentes. Ericsson identifica oportunidades para conectar sistemas de pago, lectores de boletos, cámaras de vigilancia y equipos de seguridad mediante redes privadas o segmentos virtuales con características adaptadas a cada operación. La producción audiovisual también podría beneficiarse de esta infraestructura, ya que las redes privadas 5G permitirían conectar cámaras profesionales sin depender de enlaces físicos permanentes con los centros de producción. Una transmisión en vivo requiere aproximadamente 35 Mbps de subida por cámara para video Full HD y 60 Mbps para contenido en 4K, además de baja latencia y alta confiabilidad. En conjunto, estas capacidades apuntan hacia un modelo de infraestructura híbrida en el que una misma red pueda atender a los espectadores y, simultáneamente, soportar las operaciones críticas del recinto, la producción de contenidos y los servicios de emergencia. El cambio abre una nueva oportunidad para el sector de telecomunicaciones: pasar de vender conectividad como un servicio básico a ofrecer soluciones especializadas para experiencias masivas.




