El crecimiento de la inteligencia artificial, las aplicaciones digitales y las redes móviles de nueva generación está incrementando la demanda de conectividad en México, pero la infraestructura necesaria para responder a estas necesidades no avanza al mismo ritmo. De acuerdo con cifras presentadas por Mónica Aspe, directora general de AT&T México, durante el México Digital Summit 2026, entre 2016 y 2023 el tráfico mundial de datos por usuario se multiplicó nueve veces, mientras que la inversión global anual en redes aumentó apenas 11%, al pasar de aproximadamente 185,000 millones a 205,000 millones de dólares. A este desafío se suma la disponibilidad de espectro radioeléctrico en el país: México cuenta con alrededor de 645 MHz concesionados, equivalentes al 38% de una referencia cercana a 1,700 MHz atribuida a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) para escenarios de alta demanda. Esta diferencia representa un reto para los operadores que deben preparar sus redes para soportar más dispositivos conectados, mayores volúmenes de información y servicios digitales cada vez más exigentes.

La evolución de las redes móviles demuestra que cada generación tecnológica puede abrir oportunidades que van más allá de sus aplicaciones iniciales. La tecnología 3G facilitó el acceso al correo electrónico, la navegación móvil y los primeros servicios digitales; posteriormente, 4G impulsó el video en línea, el comercio electrónico, las plataformas de transporte y los servicios de geolocalización. Ahora, 5G ofrece nuevas posibilidades para la automatización industrial, el Internet de las cosas y las aplicaciones que requieren una menor latencia, mientras que la inteligencia artificial aumenta las necesidades de procesamiento y circulación de datos. Sin embargo, ampliar la capacidad de las redes no depende únicamente de instalar antenas, sino también de invertir en fibra óptica, software, seguridad, servicios en la nube y nuevas frecuencias. Aspe ha señalado que la infraestructura digital debe entenderse como un habilitador de otras industrias, pues sectores como la banca, el comercio, los servicios públicos y las cadenas productivas dependen cada vez más de la conectividad para operar y desarrollar nuevos modelos de negocio.

Uno de los principales obstáculos para acelerar el despliegue de infraestructura en México es el costo asociado al uso del espectro radioeléctrico. Según Aspe, los recursos destinados al pago de derechos por las frecuencias reducen el capital que las empresas pueden invertir en ampliar la cobertura y modernizar sus redes. En este contexto, la propuesta incluida en el Paquete Económico 2027 para reducir en 12% dichos derechos representa, desde su perspectiva, un primer avance, aunque todavía persiste una diferencia frente a las referencias internacionales. Otra alternativa consiste en vincular el valor económico del espectro con compromisos de inversión y cobertura en carreteras, comunidades y regiones donde desplegar redes resulta costoso o poco rentable. Como ejemplo, la directiva mencionó a Perú, donde, según sus declaraciones, más del 90% del valor económico del espectro en su proceso de 5G se convirtió en compromisos de cobertura. El desafío para México será establecer condiciones regulatorias y económicas que impulsen la inversión en telecomunicaciones, permitan extender la conectividad y garanticen la capacidad necesaria para sostener una economía cada vez más dependiente de los datos, la inteligencia artificial y las nuevas generaciones de redes móviles.